jueves, 5 de noviembre de 2009



Todo lo que el hombre logra y todo lo que falla esta directamente ligado con sus pensamientos. El ser humano, compuesto de un cuerpo físico, también tiene en su ser un componente intangible, su mente, que lo rige en su vida y pensamientos y que le da una de las características más importantes de su persona: la capacidad de elegir. Con nuestra mente, los humanos podemos elegir una serie de ideas e principios que rigen nuestra existencia, que nos indican cómo es que debe ser la vida. ¿Pero acaso el hombre es capaz de morir por defenderlas?
En la actualidad existen millones de acontecimientos que dieron cabida a nuestra vida como es ahora. Independencias, revoluciones, dictaduras, todas estas acciones han sido lideradas por una serie de personajes que han llevado sus ideales más allá de su vida misma. El hombre no es capaz de dejar sus ideas al aire, es para el necesario seguir sus principios, alcanzar sus metas, seguir con sus valores, para así completar de manera satisfactoria su vida. Para las personas es más importante el seguir apegados a su realidad que el mantener su vida, ¿o es que acaso no murieron millones de judíos en el holocausto por mantener su religión? Sin algo al que aferrarse el hombre se desborona, se pierde en el olvido, necesita de estas ideas, de estos principios de su ser para seguir adelante. “El talento con el que un hombre acepta su ineludible destino y todo el sufrimiento que lo acompaña (…) incluso bajo las circunstancias más adversas dota su vida de un sentido más profundo. Aún es estas situaciones se le permite conservar su valor, su dignidad y su generosidad. En cambio si se zambulle en la amarga lucha por la supervivencia, es capaz de olvidar su humana dignidad y se comporta poco más allá a como lo haría un animal (…). En esta decisión personal reside la posibilidad de atesorar o despreciar la dignidad moral que cualquier situación difícil que ofrece al hombre para su enriquecimiento interior. Y ello determina si es o no merecedor de sus sufrimientos.” (Frankl, 92) Como se puede ver en la cita, las personas son capaces de morir por conservar solo un poco de sus pensamientos, por seguir en la lucha por sus ideales hasta el final. Sin un pensamiento que seguir, la vida pierde el sentido, pierde su importancia.
Cuando nos preguntamos si seríamos capaces de morir por una persona o por lo que creemos que es correcto siempre nos viene a la mente la misma respuesta. Claro que lo haríamos, somos capaces de lo que sea para dar trascendencia a nuestra vida, para que el haber nacido haya tenido un propósito. “A esta característica esencial del hombre, la designe: auto trascendencia de la existencia. Ser hombre implica dirigirse hacia alguien distinto de uno mismo, bien sea realizar un valor, alcanzar un sentido o encontrar a otro ser humano. Cuando más se olvida uno de sí mismo- al entregarse a una causa o una persona amada, más humano se vuelve y más perfecciona sus capacidades.” (Frankl, 133) Esta en la naturaleza del ser humano buscar este valor que rija su ser, que le dé importancia a su vida y que lo haga así ser más capaz de llegar a la felicidad.



Frankl, Viktor. El hombre en busca del sentido. Barcelona: Herder, 1979.

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